GRUPO 15: María Belén Ravarini, Facundo Manuel Corado, Diego Domínguez y Fabián
Matilla.
La
audiencia de “voir dire” tiene una verdadera importancia y puede llegar a ser
determinante al momento de la toma de decisiones en un juicio por jurados, toda
vez que con la citada audiencia se logra medir la imparcialidad de los
potenciales jurados con relación al caso concreto en que puede tocarles
intervenir como juzgadores.
Claramente se busca como un
objetivo primordial medir la capacidad de los potenciales jurados de evaluar el
caso en forma imparcial, y sirven esencialmente para interiorizarse de mejor
manera sobre la forma de pensar de cada uno de ellos.
Para esto es fundamental
tener muy claro la teoría del caso ya que haciendo foco sobre los temas
centrales se puede saber a ciencia cierta a qué tipo de preguntas se puede
apuntar en dicha audiencia, para descartar los jurados que puedan hacer
peligrar el sostenimiento de la teoría del caso o, también aquellos, que puedan
fortalecer la teoría del caso de la contraparte.
No debemos olvidar que el modelo adversarial está basado
en que cada parte presente ‘su’ historia, y para hacerlo tiene que saber
quiénes van a decidir sobre la misma.
Según explica Karen Jo Koonan, abogado norteamericano con
amplia experiencia en juicios por jurados, hay diferentes categorías a la hora
de elegir un jurado. Existe el “background” o trasfondo, que implicaban
encasillar a los candidatos a integrar el jurado en categorías como raza,
género, marco sociocultural, lugar de residencia, etc.
Pero sin embargo, la categoría a la que le da la mayor
importancia es la de las “actitudes sobre el asunto central del caso”, es decir
“prejuicios y preconcepciones”. Por ejemplo, en un caso en el que el acusado es
afroamericano y la víctima es blanca, la idea sería averiguar si algún miembro
del jurado tiene prejuicios racistas o quizás lo opuesto, si es un defensor de
las minorías.
En tal sentido entendemos que resulta importante y
necesario preguntarle al posible jurado cuál es su opinión sobre los
principios, esto es el principio de inocencia, la garantía de defensa en juicio
o la imposibilidad de declarar contra uno mismo. Esto toda vez que hay
ciudadanos que creen que si alguien es acusado y llevado a juicio es porque es
culpable, y si el rol que nos toca ocupar es el de la defensa sería de extrema
gravedad para la teoría del caso tener un jurado con semejantes
características.
Podríamos decir, sin ánimo a equivocarnos, que la
audiencia de la selección del jurado es lo que podríamos
llamar la primera garantía del juicio, esto es procurar que en concreto y no de manera
abstracta, cada caso tenga
un tribunal competente, independiente e imparcial.
Si
no vamos a dejar librados al azar ni al instinto cuestiones tan delicadas como
el juicio justo en un proceso penal, es evidente que para tomar decisiones, las
partes necesitan información sobre
los candidatos a jurado, que les permita identificar los factores de riesgo.
A
su vez, debemos poner especial atención en la audiencia ya que es una buena
oportunidad para generar un nexo de confianza con la ciudadanía, es decir, se
debe crear un clima de asistencia, contención y respeto hacia los jurados
teniendo en cuenta que la participación ciudadana resulta fundamental en un
modelo democrático de administración de justicia.
Esa
información no puede ser librada al azar, ni siquiera utilizando la tecnología
hoy disponible, para buscar por medio de un Smartphone o una computadora
portátil características en las redes sociales de las personas que estamos por
evaluar en la audiencia. La información requiere de una debida preparación,
incluso creemos que sería conveniente dicha evaluación en forma conjunta con el
desarrollo de la teoría del caso que vamos a sostener, dado que de esta manera
nos aseguramos que el perfil del jurado que buscamos no se encuentre en las
antípodas de lo que en el juicio vamos a desarrollar. Como explica Alberto
Binder[1]: “Donde existe el juicio por jurados, los
cuerpos de jueces suelen ser mucho más profesionales, porque si bien el juicio
por jurados es siempre excepcional, genera un paradigma de actuación
profesional para el juez abogado y para los propios litigantes”.
Pecando
de ser insistentes, entendemos que cuanto más rígida sea la teoría -es decir,
cuanto menos alternativas vayan quedando disponibles- más claro debería tener
el litigante cuál sería su perfil ideal de jurado. O más bien, qué características
debe detectar para procurar excluir a los candidatos que más difícilmente
aceptarán la teoría del caso que se vaya a desarrollar. En otras palabras,
mientras vamos preparando el caso también bosquejamos la selección de jurados.
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